Naturalismo y racionalidad práctica en la teoría de la acción de Hume

Gustavo Ortiz Millán

Naturalismo y racionalidad práctica en la teoría de la acción de Hume

Introducción:

“Las teorías filosóficas contemporáneas sobre la racionalidad práctica, así como las explicaciones de la conducta en las ciencias sociales, se definen en buena medida por la posición que toman con respecto a la teoría de la acción de David Hume. Más que con la teoría de ningún otro filósofo, la de Hume marca un punto de referencia con respecto al cual hay que tomar posición en cualquier discusión sobre estos temas. Un par de ejemplos nos pueden dar una idea: 1) hoy en día la discusión en ética, y particularmente en psicología moral, acerca de la naturaleza de la motivación y de las razones para la acción se puede dividir en dos grandes bandos: los humeanos, que sostienen que la explicación de una acción tiene que hacer referencia necesariamente a creencias y deseos, y los no humeanos, antihumeanos o racionalistas, que en términos generales niegan que tal explicación tenga que hacer referencia necesariamente a deseos; en ocasiones basta con la referencia a las creencias. Dado que Hume caracterizó mejor que nadie antes los rasgos de este modelo para explicar la acción, se le llama al modelo “humeano”, aunque pensadores anteriores a él, como Aristóteles o Hobbes, de algún modo también lo hayan sostenido; y muchos otros después también lo han defendido, como Elizabeth Anscombe, Donald Davidson, Bernard Williams, no cognoscitivistas en ética, muchos funcionalistas en filosofía de la mente, así como la mayoría de los teóricos de la decisión racional (Jon Elster o Richard Jeffrey pueden ser buenos ejemplos) o de la teoría de juegos. Dado que hoy en día se considera a la teoría humeana como la teoría estándar en la explicación de acciones, para muchos ésta es la teoría a vencer, y por ello se llama a la posición contraria “antihumeana”. Entre los antihumeanos, o racionalistas, encontramos a Kant y a los kantianos, con su afirmación de que la razón pura es práctica, pero también a muchos cognoscitivistas motivacionales que piensan que no siempre es necesaria la referencia a los deseos en la explicación de la acción, como Thomas Nagel, John McDowell y otros realistas morales influidos por ellos (de hecho, no es casual que el debate contemporáneo realismo/antirrealismo en ética también encuentre buena parte de sus orígenes en Hume). 2) Un segundo ejemplo: Hume es uno de los primeros filósofos que explícitamente defienden una posición naturalista y causal de la acción (y de la naturaleza humana en general): con él claramente se vuelven a dividir las aguas entre aquellos que favorecen la idea de que los seres humanos somos parte de la naturaleza y nos podemos explicar básicamente con los mismos principios que rigen el orden natural –los principios de los que nos habla la ciencia–, y aquellos antinaturalistas que piensan que los seres humanos no podemos explicarnos en esos términos, sino que hay que apelar, por ejemplo, a un orden trascendental o a algún rasgo irreducible a fenómenos físicos o naturales. Para los primeros, por ejemplo, existe un continuo entre naturaleza y cultura, entre cuerpo y mente, para los segundos en cambio, hay una clara línea divisoria entre estos dos. Hume tiene un papel de honor dentro de la historia de esta discusión, y sus esfuerzos en favor del naturalismo sólo han tenido repercusión recientemente en la epistemología naturalizada o en la psicología evolucionista. En resumidas cuentas, Hume sigue hoy más vivo que nunca.

Estos dos ejemplos no han sido casuales: en este ensayo, mi discusión girará en torno a dos aspectos de la teoría de Hume, su naturalismo y su teoría de lo que hoy en día llamamos racionalidad práctica –a pesar de que él nunca usó estos términos, y en particular el último, “racionalidad práctica”, suena incluso contrario a la filosofía de Hume–. En la primera sección, expondré en términos generales el proyecto naturalista dentro del que se enmarca su teoría de la acción, así como su apelación a una teoría causal de la acción; creo que si no entendemos el marco general dentro del que se inscribe todo el proyecto humeano, será muy difícil entender muchas de las tesis que sostiene y de las conclusiones a las que llega. Desafortunadamente, debido a limitaciones de espacio, no he podido desarrollar las objeciones a una teoría naturalista de la acción y de la motivación como la de Hume. En la segunda sección examino aspectos de la teoría humeana de la motivación, de las pasiones, de la acción y de la racionalidad práctica en general. Advierto desde el principio que aunque muchos de estos temas colindan con aspectos de la filosofía moral de Hume, he preferido dejarlos de lado, a menos que haya sido necesario referirme a ellos para una mejor comprensión de la teoría de la acción de Hume. En la tercera sección analizaré la polémica entre humeanos y racionalistas y presentaré críticamente algunas de las objeciones que los racionalistas han formulado contra la teoría humeana. La discusión contemporánea sobre estos temas es amplísima, sin embargo, me centro en dos muy influyente críticas a la teoría humeana hechas por Thomas Nagel y por Christine Korsgaard. Termino con lo argumentos que en favor de la teoría humeana de la motivación ha presentado Michael Smith.

No pretendo que este artículo sea una exposición puntual de todos los aspectos de la teoría de la acción de Hume; intencionalmente he dejado de lado algunos temas (particularmente el de la libertad de la voluntad) y otros tal vez no los he examinado con toda la atención que seguramente merecían. La filosofía de la acción y la psicología moral de Hume es muy rica y es difícil hacerle justicia en estas pocas páginas. De cualquier modo, las notas y la bibliografía refieren a textos que podrán ser de utilidad.

 

 

 

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Metaphysics and the Philosophy of Mind

G.E.M. Anscombe

Metaphysics and the Philosophy of Mind, Vol. II.

The Collected Philosophical Papers of G.E.M. Anscombe. Volume Two. Ed. Basil Blackwell, Oxford, 1981.

Contents:

Part One: The Philosophy of Mind

1. The Intentionality of Sensation: A Grammatical Feature

2. The First Person

3. Substance

4. The Subjectivity of Sensation

5. Events in the Mind

6. Comments on Profesor R. L. Gregory’s Paper on Perception

7. On Sensations of Position

8. Intention

9. Pretending

10. On the Grammar of ‘Enjoy’

Part Two: Memory and the Past

11. The Reality of the Past

12. Memory, ‘Experience’ and Causation

Part Three: Causality and Time

13. Causality and Determination

14. Times, Beginnings and Causes

15. Soft Determinism

16. Causality and Extensionality

17. Before and After

18. Subjunctive Conditionals

19. “Under a Description”

20. Analysis Competition – Tenth Problem

21. A Reply to Mr C. S. Lewis’s Argument that “Naturalism” is Self-Refuting

 

 

 

La percepción de otros en la acción (Video)

Shaun Gallagher

Conferencia presentada por el Profesor Shaun Gallagher en el marco del I Congreso Colombiano de Filosofía organizado por la Sociedad Colombiana de Filosofía y la Universidad Jorge Tadeo Lozano, Bogotá, Abril de 2006

 

 

 

A Not -So- Simple View of Intentional Action

David K. Chan

A not so simple view of intentional action

En: Pacific Philosophical Quarterly, No. 80, 1999, pp. 1-16.

Abstract:

“The Simple View (Sv) holds that for someone to intentionally A, he must intend to A. Critics of SV point to intentional actions which, due to belief-conditions or consistency constraints, agents cannot intend. By recognizing species of intention which vary with the agent’s confidence in acting, I argue that the stringency of consistency constraints depends on the agent’s confidence. A sophisticated SV holds that the species of intending is related to the degree of intentionality of the action. Finally, I show that where agents do what they believe impossible, without intending to do so, the action is not intentional.”

 

 

 

Intentional Action in Ordinary Language: Core Concept or Pragmatic Understanding?

Fred Adams & Annie Steadman

Intentional action in ordinary language: core concept or pragmatic understanding?

En: Analysis, No. 64, 2004, pp. 173-181.

Introduction:

“Among philosophers, there are at least two prevalent views about the core concept of intentional action. View I (Adams 1986, 1997; McCann 1986) holds that an agent S intentionally does an action A only if S intends to do A. View II (Bratman 1987; Harman 1976; and Mele 1992) holds that there are cases where S intentionally does A without intending to do A, as long as doing A is foreseen and S is willing to accept A as a consequence of S’s action. Joshua Knobe (2003a) presents intriguing data that may be taken to support the second view. Knobe’s data show an asymmetry in folk judgements. People are more inclined to judge that S did A intentionally, even when not intended, if A was perceived as causing a harm (e.g. harming the environment). There is an asymmetry because people are not inclined to see S’s action as intentional, when not intended, if A is perceived as causing a benefit (e.g. helping the environment).

In this paper we will discuss Knobe’s results in detail. We will raise the question of whether his ordinary language surveys of folk judgments have accessed core concepts of intentional action. We suspect that instead Knobe’s surveys are tapping into pragmatic aspects of intentional language and its role in moral praise and blame. We will suggest alternative surveys that we plan to conduct to get at this difference, and we will attempt to explain the pragmatic usage of intentional language.

We suspect that folk notions of intentional action are not clearly articulated. There are many factors required for an action to be performed intentionally. One of them involves the causal relation between an intention and the intended action. Not many folk would have very clear notions of counterfactual causal dependency of action upon intention necessary for intentional action on either view above. If an intention is connected by causal deviance to its conditions of satisfaction, the action is not done intentionally. Few folk would have clear notions of the exact relations of dependency between action and intention to block such causal deviance. Indeed, the exact relation of dependency is still in dispute among philosophers and cognitive scientists. However, almost everyone knows clearly that bad acts done intentionally are morally worse than bad acts done unintentionally. And almost everyone knows that saying ‘you did that on purpose’ is a social way to assign blame and of discouraging actions that one disapproves of. Hence, it is very likely that folk concepts of the pragmatic dimension of intentional talk are more richly understood than the core notions of the cognitive machinery that underlies intentional action.”

 

 

 

Intentional Omissions

Randolph Clarke

Intentional Omissions

En: Noûs, 44:1, 2010, pp. 158-177.

Introduction:

“Often when one omits to do a certain thing, one’s omission is due to one’s simply not having considered, or one’s having forgotten, to do that thing. When this is so, one does not intentionally omit to do that thing. But sometimes one intentionally omits to do something. For example, Ann was asked by Bob to pick him up at the airport at 2:30 am, after his arrival at 2:00. Feeling tired and knowing that Bob can take a taxi, Ann decides at midnight not to pick him up at 2:30, and she intentionally omits to do so. Other examples of intentional omissions include instances of abstaining, boycotting, and fasting.

Intentional omissions would seem to have much in common with intentional actions. But the extent of the similarity is not immediately obvious. Intentional omission has been recognized as a problem for theories of agency, but it is one on which, especially lately, little effort has been expended. My aim here is to advance a conception of intentional omission, address a number of claims that have been made about it, and examine the extent to which an account of it should parallel an account of intentional action. I’ll argue that although there might indeed be interesting differences, there are nevertheless important similarities, and similarities that support a causal approach to agency.

Although much of our interest in omissions concerns responsibility for omitting, my focus is on the metaphysical and mental dimensions of intentional omission.What sort of thing (if it is a thing at all) is an omission? What, if any, mental states or events must figure in cases of intentional omission, and how must they figure? Answers to these questions have some bearing on the moral issue, but the questions are interesting in their own right. And they stand in some degree of mutual independence from the moral issue, as there can be intentional omissions for which no one is responsible, and (on the assumption that we can be responsible for anything at all) we can be responsible for omissions that aren’t intentional.

A preliminary distinction might help clarify the object of my attention. My focus is on cases about which it is correct to say that someone intentionally omits to do something. There are cases of another sort in which we might say that it is intentional of some individual that she doesn’t do a certain thing, but she doesn’t intentionally omit to do it. For example, wanting to ensure that he wouldn’t leap into the sea when he heard the Siren song, Ulysses had himself bound to the mast of his ship. As planned, he didn’t jump into the sea; but he nevertheless didn’t intentionally omit to leap in, for while he could hear the song, he tried his best to free himself and jump into the water. Intentionally omitting to A at t would seem to require, at least, that one is not at t trying to A.”

 

 

 

Problems of Rationality

Donald Davidson

Problems of Rationality

Clarendon Press, Oxford, 2004.