Acción humana y explicación teleológica

Mariano L. Rodríguez Gonzáles

Acción humana y explicación teleológica

En: Anales del Seminario de Metafísica, Homenaje a S. Rábade. Ed. Complutense, 1992.

Introducción:

“No cabe duda de que el esquema hempeliano de la explicación científica ha venido constituyendo, desde la publicación del trabajo de Hempel y Oppenheim en 1948 [«Studies in the Logic of Explanation»], un punto de referencia obligado para toda la filosofía de la ciencia, hasta nuestros mismos días. Ni siquiera los tratamientos más relevantes y recientes de la explicación que las ciencias proporcionan, como los que debemos a Woodward, Salmon, Brody, Van Fraassen o Achinstein, han dejado de contar con el modelo nomológico-deductivo, aunque no fuera más que en tanto blanco de sus ataques. Para ese representante tardío del Empirismo Lógico que fue Hempel, como sabemos, la explicación es una argumentación deductiva, cuya conclusión es el enunciado explanadum, E, y en cuyas premisas, que constituyen el explanans, se pueden distinguir leyes generales, L1, L2,…, Ln, y otros enunciados, C1, C2,…, Cn, que hacen asertos acerca de hechos concretos.

De forma que la información proporcionada por explicaciones tales implicaría deductivamente el enunciado explanandum, con lo que ofrecerían una base suficiente para esperar que se produzca el fenómeno que se trata de explicar. Nos encontramos, así, con el principio neopositivista de la simetría entre explicación y predicación [¿predicción?]. Lo que importa es no pasar por alto que el énfasis recaía sobre esas leyes que conforman la premisa mayor del razonamiento: Hempel llegaría a poner de manifiesto la mismidad de su poderoso modelo, tanto si figurasen en él leyes de estricta forma universal, como si contuviera generalizaciones de carácter estadistico. En cualquier caso, todo inducía a creer que la explicación científica había adquirido al fin un sentido preciso y de reconocimiento universal…

Sin embargo, las leyes empíricas que para el neopositivista expresan meras regularidades, requieren asimismo explicación: y son las teorias las encargadas de suministrarla, al invocar entidades y procesos que subyacedan a lo observable, y que vendrian regidos por leyes peculiares, las leyes teóricas. Es asi como la ciencia natural termina por abrimos un universo diferente del cotidiano, a la vez edificándose sobre la imagen manifiesta de la realidad, y rompiendo epistemológicamente con ella. Y de aquí surgió, una vez más, la necesidad de la reflexión filosófica, puesto que el célebre enigma de las dos mesas de Eddington exige decidir si la imagen manifiesta y la imagen científica del hombre-en-el-mundo son dos descripciones compatibles de «lo mismo», como por ejemplo, afirma Ryle, o sí, por el contrario, la una es rival de la otra, debiéndose declarar falso, en último término, todo el mundo que nos entrega la «filosofía perenne», como parece pensar Sellars.

El problema es real: aunque afecte sólo a la física de partículas elementales, no se puede dudar de que este sector dc la investigación se ha revelado fundamental para todas las ciencias naturales. Además, por mucho que se quiera subrayar la primacía de la imagen científica, no se puede olvidar que es la imagen manifiesta la que nos proporciona el marco conceptual de las personas y de sus acciones, algo de lo que seria casi imposible prescindir, en caso de que tuviera algún sentido intentarlo. En efecto, los objetos de la imagen manifiesta son primariamente personas, mientras que la revolución científica moderna se halla ante todo volcada sobre la explicación del acontecer natural. Precisamente, el asunto del presente trabajo puede tomar como punto de partida expositivo un problema al que apuntan interrogantes como estos: ¿Cómo explica la Psicología la acción humana? Por otra parte. ¿tiene lugar, en el curso de la explicación psicológica, la mencionada ruptura epistemológica con el conocimiento cotidiano? Intentando responder a estas cuestiones iniciales, esperamos poner de manifiesto toda una problemática crucial para la Filosofía de la Psicología.

En principio, lo que podemos llamar el «imperialismo» del modelo N.-D. se traduce en el diseño hempeliano de la explicación motivacional, propuesto ya hace casi treinta años:

Explanandum:  «el agente X llevó a cabo (perfomed) el acto A».

Explanans:

  1. «X deseaba F».
  2. «X creía que hacer A era el mejor o el único medio de lograr F».
  3. «Siempre que un agente desea algo, y cree que la ejecución de determinado acto es, dadas las circunstancias, un medio de satisfacer su deseo. él lleva a cabo tal acto».

Pero a semejante homologación de la explicación de la acción humana con la científico-natural, es preciso objetar, entre otras cosas, que

  1. No se aprecia posibilidad alguna de llegar, por este camino, a una teoda científica en sentido estricto (o sea: de romper con el sentido común)
  2. Muy escaso carácter legal tendrían unas supuestas leyes que se refieren exclusivamente a individuos, y a individuos en momentos muy determinados. Davidson llama nuestra atención sobre el hecho decisivo de que la explicación N.-D. predice incondicionalmente lo que explica y además predice condicionalmente un conjunto infinito de otras cosas, lo cual no parece ser evidentemente el caso de la explicación de la acción humana que menciona las razones del agente.
  3. Más en general, las recientes discusiones sobre la naturaleza de la explicación, centradas en los aspectos ilocucionarios del explaining act, parecen concluir estableciendo tanto la imposibilidad cuanto la inconveniencia de unas supuestas «instrucciones universales» que constituyeran condiciones necesarias de las explicaciones científicamente válidas. Achinstein, por ejemplo, reconoce que «parece no haber un modelo no-arbitrario de corrección científica mínima».

Por consiguiente, a los ojos de la actual filosofía de la ciencia, resultaría de todo punto innecesaria la insistencia hempeliana en las leyes universales, y en la relación deductiva entre explanans y explanandum. Llegamos así a una situación de impasse, de la que sólo parecería podernos sacar la consideración de la acción humana propia de la psicologia científica contemporánea.”

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